El origen de las cosas

El origen de las cosas
Por: Miguel Ángel Ariza Camargo

Todos tenemos cosas viejas como teléfonos de disco, radios con más de 40 años, una pintura enrollada que fue un regalo de un familiar hace 15 años y nunca se colgó en una pared. En mi caso, tengo un radio Phillips de 1960. Todos estos artículos que nosotros creemos no pueden servir, para un comerciante del Mercado de las Pulgas San Alejo es una oportunidad de negocio, todo lo que tenemos arrumado en una esquina tiene un valor incalculable para estas personas.

Eran las 6 de la tarde y se sentía un frío intenso y compre un discman en 5 mil pesos en el Mercado de las Pulgas san Alejo, muy económico. Averigüe el precio por internet y costaba 100 mil pesos. Desde ese momento sentí la curiosidad de saber de dónde provienen los objetos que allí se comercializan, qué tanto esfuerzo tenían los vendedores para conseguir sus artículos, o quién se los daban.

Llegar a este lugar no fue nada complicado, lo difícil fue encontrar a los comerciantes que iba a entrevistar; Francisco Moreno y Raúl García. En el momento que encontré la carpa de estos dos vendedores, me encontré con un ambiente de cordialidad, casi como si fueran una familia. El primero en entrevistar fue a Raúl, un señor que tenía por lo menos 50 años y ya tenía algunas canas en su cabello; muy cordial respondía cada una de las preguntas que le hacía, hace cuánto hacía parte del Mercado de las Pulgas San Alejo o de dónde provenía los artículos que en aquel puesto vendía: “Aquí somos 500 comerciantes, adicionalmente, hay 500 personas recorriendo el país incluso en Ecuador y Venezuela. Recorren buscando cosas viejas para traernos a nosotros, entonces ellos son los que nos surten, de relojería, por ejemplo, metidos en cuanto pueblito hay”, y exactamente sobre eso se trata este reportaje.

Son aproximadamente 600 metros cuadrados llenos de carpas y donde se podrán encontrar muchos artículos, desde CD’s, LP’s, pasando por libros, candelabros, relojes, antigüedades y todo tipo de curiosidades que se puedan imaginar, pero ¿De dónde vienen estos artículos? De muchas maneras, legales claro está, pero hay tres primordiales:

La primera es a través de las chatarrerías; se pensaría que en un lugar como estos no hay nada importante, pero para los comerciantes de este sitio en donde se reúnen todos los domingos y festivos, como Francisco Moreno, es un lugar donde se pueden encontrar muchas cosas importantes. “El hecho de salir a conseguir todos estos artículos, no es fácil, es lo más difícil que usted se pueda imaginar. Si usted sale con la maleta al hombro y pasa por depósitos de materiales para fundición, pasa por chatarrerías, yo entro y clasifico cosas, si algo me sirve entro a negociar con ellos (los dueños del depósito o la chatarrería). Son sitios donde se pueden encontrar muchas cosas útiles”. En donde una persona “normal”  ve basura, un comerciante ve una oportunidad de negocio y sabe que ese artículo que está viejo y oxidado puede, con esfuerzo y dedicación, llegar a ser una gran pieza de colección. Esa es la visión que los comerciantes de aquel sitio tienen, poder seleccionar lo que les sirve para una oportunidad de negocio o aun así para sus restauraciones.

La segunda manera de conseguir los artículos es a través de allegados, que también tienen esa visión pero que no tienen un puesto ubicado en el Mercado. Estas personas suministran mercancía a los comerciantes que recogen artículos de distintos barrios de Bogotá, los que en su momento eran llamados “zorreros” y ahora “carreteros”. Recogen cualquier artículo que vean que a un comerciante le pueda servir. Aunque muchas veces los vendedores tienen mejor visión que los recolectores; durante la entrevista que le hice a Francisco, uno de estos recolectores dijo que tenía un camión lleno de cosas que podían servir. Fuimos al camión y estaba repleto de antigüedades, teléfonos de la década del 60, radios de los 80. Miró dentro del camión y dijo “No hay nada, gracias”. Mientras volvíamos al puesto en el Mercado de las Pulgas, me dijo: “Usted pensará que todo lo que hay en ese camión sirve, pero no, hay que saber escoger”.

La última forma de encontrar la mercancía es por medio de los mismos comerciantes; estén de viaje o en algún lugar, siempre tienen el ojo encima de lo que les pueda servir. Raúl García lleva 32 años como comerciante en el Mercado de las Pulgas San Alejo, en una entrevista pasada me dijo: “Aquí llega uno a ratos como le ha pasado a muchos, que llegan como clientes, visitantes y esto lo agarra a uno y esto es como un imán. Yo duré aquí dos años viniendo todos los domingos, y me dije, no, yo voy a poner un puesto y aquí estoy hace 32 años, es como una goma”. Ser comerciante en este lugar es un estilo de vida, es vivir apasionado por lo que en algún momento se pueda descubrir y el valor que ese artículo pueda tener, ya sea histórico, cultural o incluso político.

Todos los días vemos personas y muy seguramente las juzgamos sin saber por lo que realmente pudieron haber pasado en su vida. Esa es la conclusión a la que llegué después de hacer esta investigación; todos los artículos que se ven, tienen una historia. Es como aquel guardapelo de 1900 que puede estar a la venta si saber el valor histórico y monetario. Objetos que han llegado hasta ese puesto por alguna razón y realmente las personas no conocen su pasado.

 

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