Opinión: Tendencias y escenarios

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Opinión: Tendencias y escenarios

Por: Mario Leonardo Murcia

Recientemente, la compañía británica especialista en educación, QS, publicó el listado de las 500 mejores universidades del mundo en cuanto a la empleabilidad (http://www.eltiempo.com/vida/educacion/universidades-colombianas-con-mayor-empleabilidad-segun-ranking-qs-129580) de sus egresados.

Respecto al listado, el director de investigación de QS, Ben Sowter indicó, en declaraciones recogidas por el diario El Tiempo que “las universidades no pueden depender únicamente de su reputación. También necesitan mostrar que se encuentran comprometidas en tener métodos de enseñanza novedosos, entablar relaciones con las empresas y ofrecer oportunidades a sus estudiantes para conocer y contactar futuros empleadores”.

Basado en estos lineamientos, parte el presente escrito, que presenta cuatro mega-tendencias que marcarán el futuro cercano de los estudios de Comunicación y, sobre todo, los escenarios profesionales que enfrentarán y ya enfrentan los graduados de la disciplina.

Mundialización y estándares globales de la carrera

En principio, cabe destacar que las tendencias internacionales en cualquier área del saber hacen parte de un sistema educativo mundial, que es definido desde entidades como la Unesco e incluso desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estandarizan, de acuerdo con las necesidades de los mercados mundiales, las competencias que se necesitan promover en quienes harán parte del mercado laboral en el futuro próximo.

Los ministerios de educación – o las entidades que hagan sus veces – entonces, interpretan esas competencias del mercado internacional y lo adaptan a cada país; y buscan, junto a los gremios empresariales locales que los talentos se terminen quedando en ese territorio, lo cual no es sencillo, pues siempre tendrán que competir con ofertas de empresas pertenecientes a los mercados dominantes, más atractivos económicamente para el estudiante y futuro profesional.

La Comunicación Social, como disciplina y arte, ha pasado por muchas etapas, fusiones con otras áreas del conocimiento complementarias y apropiación de saberes de otras disciplinas para formar competencias propias en ese mercado laboral; de allí que el comunicador con énfasis organizacional deba competir en ese mercado con profesionales del diseño, la publicidad, el mercadeo, las relaciones públicas (en donde existe como carrera); y el comunicador/periodista, deba equiparar sus competencias en las redacciones de medios, con profesionales de otras áreas especializadas del periodismo como la economía, el derecho y la política.

El sistema educativo, al servicio del sistema económico mundial, seguirá cubriendo las vacantes con egresados de diferentes disciplinas, todo dependerá entonces de qué perfil se acerque más a lo que busque el empleador; así que la exigencia ya no es ser competitivo solo respecto a los demás comunicadores sociales o periodistas, sino con las demás áreas asociadas, similares en denominación y/o competencias.

Por ello, el comunicador actual ya no se prepara solo para redactar de manera correcta o diseñar estrategias de comunicación para la organización; sino que debe estar en la capacidad de diseñar también piezas gráficas y digitales, comunicar eficientemente desde cualquier medio, aportar al área de Marketing desde la comunicación, y hacerlo en distintas lenguas (como mínimo en su lengua materna y en inglés (http://www.scmp.com/infographics/article/1810040/infographic-world-languages).

El comunicador digital

Además de entender su disciplina desde una mirada que no solo responda a la imposición de la libre competencia laboral impuesta desde la economía global, mundializada y totalizadora; el comunicador debe asociarla a otro cambio radical que se empezó a comprender, principalmente desde 2004, cuando Tim O´ Reilly popularizó el término de la Web 2.0 (https://iiemd.com/web-2-0/que-es-web-2-0) para referirse a la red global participativa, lo cual, desde luego, tendría incidencia directa en el objeto de estudio de la Comunicación Social, pues era un hecho que, en la práctica, los mensajes en la red dejaban de tener un emisor y un receptor estático  – como en la Teoría Matemática de la Información de Shannon y Weaver (https://www.comunicologos.com/teorias/modelo-matem%C3%A1tico-de-la-informaci%C3%B3n/ ) -, para darle paso a un proceso de interacción permanente, en tiempo real e integrada a una nueva lógica, en la que imperan nuevos valores, nuevas formas de relacionarse y nuevos paradigmas de conceptos como la imagen y la identidad, en digital.

A este respecto, Howard Gardner y Katie Davis, en su texto Generación App, explican que las generaciones actuales “no solo crecen rodeados de aplicaciones, sino que han llegado a ver el mundo como un conjunto de aplicaciones, a ver sus vidas como una serie de aplicaciones ordenadas (…) o una única aplicación que se prolonga en el tiempo y los acompaña de la cuna a la tumba, a la que llamamos ‘superapp’”2 . Reconocen los autores que las aplicaciones, como en su momento lo hizo Manuel Castells (http://herzog.economia.unam.mx/lecturas/inae3/castellsm.pdf) con sus estudios respecto a Internet; que el ser digital implica un desdoblamiento del real, una capacidad de ubicuidad y de mantener varias conversaciones al mismo tiempo, con distintos grupos a la vez; de gestionar contenidos e intervenir en otras realidades como ‘influenciadores’ de decisiones de otros, conocidos o no; y de lograr incluso, conseguir convertirse en ‘celebridades’ (Gardent y Davis. P 21) digitales, compartiendo el contenido adecuado de manera periódica para un público específico, como hoy lo hacen los youtubers.

Así, la Comunicación hoy es otra, en la que lo digital no es solo lo técnico y va más allá del dominio de uno o varios Software; sino que es, ni más ni menos que gran parte de lo que perciben las generaciones actuales/digitales, es su realidad (ya no virtual, pues para ellos esa antigua separación no tiene sentido). Este choque generacional ha tenido una transición mucho más corta que los anteriores, y la Academia tradicional de la Comunicación debe entender que se ha quedado corta para explicar estos cambios, es por ello, que es vital la construcción co-creada entre quienes nacieron digitales y quienes migramos a lo digital. La Academia entonces debe asumir que los saberes estáticos de las ‘herramientas útiles’ tipo Photo Paint o Corel Draw, tienden a ser obsoletas; así que el profesional de Comunicación no debe prepararse solo para saber, sino para adaptarse a los procesos cambiantes, pues lo único seguro hoy es que mañana todo puede cambiar en un negocio o mercado, y los flujos de información, conocimiento y significación dentro de cada organización – no importa el tipo -, deben estar debidamente ‘engrasados y en pleno funcionamiento’ para que esos cambios sean asumidos desde una cultura proclive a la adaptación y a la innovación.

El investigador

La Comunicación, como disciplina en desarrollo, debe abrirle espacio en la Academia a la investigación; pues sus dos vertientes más fuertes desde la práctica: el Periodismo y la Comunicación Organizacional, poco desarrollan la investigación desde la escuela; pues su producción es mucho más práctica y dedicada a narrar (en el caso del Periodismo) o a solucionar problemáticas organizacionales específicas e irrepetibles (en el caso de la Comunicación Organizacional).

La investigación, nacida de otras disciplinas sociales científicas, le permite a la Comunicación, entonces, el desarrollo a partir de las inquietudes de las nuevas generaciones y anticiparse a los cambios, para así generar aportes invaluables para las demás ciencias sociales, en la comprensión desde otro ángulo de los entornos complejos que, de manera fragmentada, componen su percepción simbólica de la realidad.

Así, las facultades de Comunicación Social que aspiren a producir conocimiento necesario para el desarrollo de la disciplina, deben abrir un espacio importante a la investigación social científica, que está más desarrollada en áreas como la Sociología, la Antropología, la Psicología y la Economía; por lo que se debe tomar esas formas de investigar, para abrir nuevos interrogantes y producir conocimiento científico que permita consolidar a la Comunicación Social, como una ciencia social, y desde dicho estatus, elevar su reconocimiento social.

El cambio de roles del docente y el estudiante

El docente debe entenderse desde un nuevo rol, ya no como el encargado de transmitir datos e información, sino como el sujeto capaz de transformar las experiencias de aula en saberes y conocimientos, dignos de ser compilados y analizados, por esta disciplina en construcción constante.

El docente también debe enfocar sus esfuerzos en preparar profesionales con capacidad de adaptación a los cambios, buenos lectores de entornos y proveedores de valor para las organizaciones, desde la gestión de significados compartidos, es decir, debe asumir el rol de facilitador de la gestión del conocimiento compartido.

Entonces, debe asumir un rol de tutor y guía desde las metodologías, pero las preguntas e hipótesis, por lo general deberán partir de quienes están en proceso de profesionalizarse; pues son ellos quienes viven los cambios y quizás sean ellos también quienes mejor puedan plantear las nuevas dinámicas comunicativas del mundo plural étnica y culturalmente, pero global y unificado, desde las lógicas de mercado y educación.

Por su parte, el estudiante debe también entenderse como el responsable de su proceso de formación, complementando las competencias básicas de su carrera, con otros adicionales, que le signifiquen ser más competitivo para acceder al mercado laboral.

Conclusión

Entonces, le queda a los Programas de Comunicación la tarea de enfocar sus esfuerzos en reinventarse constantemente y desarrollar competencias en sus asignaturas más alineadas con la gestión y el uso de datos, que con la adquisición de conocimientos; con la investigación como método de construcción de saberes, que con el proceso memorístico de conocimiento; con las capacidades de innovar, dirigir, gestionar, medir e incluso emprender; que con las de copiar y pegar trabajos de diferentes autores (los favoritos del docente).

La tarea de directivos y de docentes es ser capaces de romper paradigmas propios, “ser capaces de aprender, desaprender y reaprender”, como lo sugería Alvin Toffler; tarea que parece fácil, pero no lo es, pues se trata de romper la forma en que aprendieron y no todos están abiertos al cambio, pues consideran ‘normal’ ver al estudiante como un inferior o como a alguien que se debe instruir de la manera ‘correcta’ y dura, pues creen que ‘la letra con sangre entra’: rompiéndole textos, burlándose de que ‘no sabe’ o buscándolo solo cuando le conviene al docente.

Y la responsabilidad es también de los estudiantes, quienes deben entender que la formación no se trata de un promedio lo más cercano posible al 5.0, o de responder eficientemente a las asignaciones del docente, sino de responder a un proyecto personal que inicia desde antes de ingresar a la universidad, pero se complementa con ella, que es ir creando día a día, un perfil profesional único, relevante y atractivo para el mercado.

 

Bibliografía complementaria

Castells, M.; Fernández-ardevol, M; Sey, A. (2006). Comunicación móvil y sociedad. Barcelona. Ed. Ariel y Fundación Telefónica.

Gardner, H; Davis, K. (2014). La generación App. Barcelona. Ed. Paidós. Rebeil, MA. (2006).

 

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