No soy de aquí, ni soy de allá…probando la rica arepa venezolana

No soy de aquí, ni soy de allá…probando la rica arepa venezolana

Pusimos a prueba el paladar de un colombiano para que degustara la sabrosa arepa venezolana. Al final no se decidió cuál es más rica y tampoco sabemos si ese plato es colombiano de origen o nació en la tierra bolivariana. Lo que sí está claro es que es una delicia

 Felipe Cáceres

 Muchos han escrito sobre el tema, pero cuando me dieron la tarea de hacer una crónica sobre esta disputa culinaria, lo primero que pensé fue en hacerla diferente. Antes de empezar quiero advertirles a ustedes que es mi primera crónica gastronómica, pero como todo lo que tiene que ver con comida me encanta, pues me atreví a hacerla. Nada mejor que ejercitar la escritura y el paladar.

En nuestro continente hemos tenido múltiples disputas, políticas, deportivas, pero también gastronómicas: que si el pisco es peruano o chileno, que si el mejor mate es uruguayo o argentino, que las mejores empanadas son de tal país y que si la arepa es venezolana o colombiana; de esta última es de la que hablaremos.

Es así que como miembro de la Orden de los Caballeros de la Mesa redonda y del Buen Comer, inicio mi cruzada por la verdad sobre el origen de la arepa. Mi camino de peregrinación empezó gracias a una publicación que hice en Facebook donde buscaba lugares para comer las muy apetecidas arepas venezolanas, luego de hacer caso a sugerencias de algunos amigos.

 Venga le digo

 El uso del maíz como alimento data aproximadamente entre 2.000 a 3.000 años. La arepa ha estado presente en la dieta de los pueblos originarios de América en diferentes formas y nombres: las gorditas mexicanas, las pupusas salvadoreñas, las telitas colombianas y las reinas pepiadas venezolanas (ahora les cuento la historia de esta arepa). Todas hacen parte de una gran familia que no son hechas solamente de maíz, sino también de yuca y trigo, según la región.

¡Tengo hambre! Round I

Empecé mi travesía por el sector de Cedritos, más exactamente en el centro comercial Palatino, que queda en la calle 147 con carrera 7, buscando un local colorido con algún nombre de telenovela o con una bandera de la hermana república, pero no encontré ninguno. Entré a un restaurante de paredes rojas y negras que lucía como restaurante de comida oriental, con un poco de duda pregunté si vendían arepas venezolanas, a lo que Cindy, una mujer de estatura media, ojos cafés y con una voz acentuada y dulce me dio la bienvenida a su restaurante con un “sí las vendemos, adelante”. Ya sentado pregunté cuál  es para ella la arepa más típica, después de pensar por un momento, me recomienda que pruebe la “Pabellón” (arepa rellena de frijol negro o caraotas, tajada de maduro, queso y carne mechada).

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Cuando le di el primer mordisco, la mezcla de sensaciones estalló en mi boca. El sabor de la carne con el gusto salado del queso, la textura de la arepa con el sabor del maduro y la sazón de las caraotas, hacían que cada mordida fuera como si bailara salsa al ritmo de los timbales de Alfredo Padilla. Después de unos momentos, Cindy vió que mi plato ya estaba limpio, se acercó a mí y me preguntó si en realidad me había gustado la arepa. “Claro, me gusto mucho, tanto así que estoy pensando en comerme otra”, respondí. Ella  sonrió y me recomendó la “Reina Pepiada”. Antes de decirme los ingredientes se sentó frente a mí y me empezó a contar la historia de esta arepa. La historia de este nombre tan llamativo para una arepa data de la década del cincuenta, cuando la venezolana Susana Duijm ganó la corona de Miss Mundo y como homenaje a ella, le ponen el nombre de “Reina” y “Pepiada” es el sobrenombre para  referirse a una mujer con una gran belleza. 

Después de conocer esta historia, le hice la pregunta de esta crónica ¿las arepas son venezolanas o colombianas?

Cyndi me respondió:

 “No tiene nada que ver si es venezolana o colombiana, ya que en los dos países se hacen las arepitas, tanto en venezuela como aquí existen arepitas muy sabrosas. Por ejemplo, a mi me encanta la arepa boyacense por esa combinación de maíz dulce con queso. En venezuela hacemos las cachapas que son muy similares a las de choclo, pero la única diferencia es el tamaño, la de ustedes es más pequeñita, para mi esa arepa es la mejor de todas.”

No muy lejos está otro local de arepas venezolanas, es un container color naranja con un olor increíble. Sin más preámbulo me senté e hice el pedido sin ver la carta. Con voz de mando pedí la histórica Reina Pepiada (arepa con pollo o gallina, mayonesa y rodajas de aguacate) acompañada de una cerveza Polar. Ya el cuerpo me advertía que me estaba llenando, pero en esos instantes llegó mi pedido, la mordí y como por arte de magia mi estómago hizo un campito para que la pudiera disfrutar con tranquilidad sin que la dejara a medio empezar.

Sonia, es una de las socias del local. Ella me preguntó si todo estaba bien con la arepa y si  era mi primera vez comiéndolas. Le respondo que sí y le cuento que estoy haciendo un  trabajo de campo para mi crónica sobre arepas venezolanas y me repondió: “La arepa es nuestra, ustedes la copiaron. En época de la  conquista, los indígenas venezolanos las preparaban en las casas de los españoles que vivían en territorio venezolano, cuando llegaron estos a las casas de los criollos colombianos, sus indígenas que trabajaban en esas casas empezaron a ver como las preparaban, y así fue como ellos se copiaron de nuestras arepas”. Mientras ella contó esa anécdota yo terminé con mi reina de sabores. Le di gracias por la información y atención; ella en forma de chiste se despidió con un “ya sabes chamo cuál es la verdad”.

!TENGO HAMBRE¡ ROUND II

 Después de dos días de haber iniciado mi trabajo de campo con el tema de las arepas, seguí buscando más historias o anécdotas que aportaran a esta crónica, fue así que me dirigí al sector de Chapinero para seguir probando diferentes sabores y sazones de nuestros hermanos. Llegué a un restaurante ubicado en la carrera 11 con calle 69, que puede pasar por desapercibido, pero quien entre en él se queda varias horas degustando su gran variedad de platillos. Me recibieron con un cálido “adelante que no cobramos con la entrada” me causa risa y me dio confianza para entrar y contarles el porqué de mi visita a su local. Mientras miraba la carta pedí una cerveza Zulia, eso me recuerda a “Sulbi”, compañero de trabajo que nació en ese estado, y qué mejor forma de homenajearlo que con una “fría”.

 Me inclino por la arepa “Catira”, pero le digo a Ricardo que antes quiero probar unos “tequeños” (deditos de queso). Quienes me conocen saben que adoro las entradas y más cuando se trata de probar cosas nuevas (no me miren mal, no me engordo y tengo que aprovechar). Llegó a mi mesa una canasta con seis deditos calientes, acompañados de una deliciosa salsa de ajo que hasta el mismísimo Drácula comería. Luego de mi pequeña entrada llegó el plato fuerte, mi querida y esperada “Catira” (arepa rellena de queso amarillo, pollo desmechado con guiso). Es una buena combinación, el sabor del pollo se mezcla a la perfección con el queso amarillo y hace que uno aprecie cada uno de los detalles al mejor estilo de Óscar d’ León.

Ricardo me dice: “Para mi la arepa nació en Venezuela antes de la llegada de los españoles, estos indígenas la llamaban “erepa” que significa pan de maíz y que se expandió por los territorios que hoy conocemos como Venezuela y Colombia, eso fue lo que me explicaron cuando estudiaba en el colegio”. Luego de esta clase de geografía y de tener el estómago lleno me despedí agradeciéndole por su tiempo y atención.

Es muy difícil decidir cuál es la mejor arepa, como dice la canción de Los Amigos Invisibles “es difícil amar a una mujer”. Me encantan las arepas colombianas, son deliciosas; sí, hasta esa arepa blanca pequeña y sin gracia que acompaña el pollo asado tiene su agrado cuando se frita. Pero tengo que decir que me fascinaron las arepas venezolanas que probé, ¡qué buen sabor y presentación! Tengo que reconocer que a diferencia de las arepas que se venden en la calle, la masa de las venezolanas es hecha con areparina, como si fueran de casa, eso fue lo que más me gustó.

Mi conclusión es que la arepa debe ser como diría Facundo Cabral: “No es de aquí, ni es de allá”. La arepa es originaria de América y nos debemos sentir orgullosos de tenerla entre nuestra gastronomía. Es una herencia de unos 3.000 años y no la debemos opacar por cuestiones geográficas. Más bien, debería existir un día internacional de la arepa (Si algún día soy Presidente sería una de las primeras cosas que haría).  Ya debo terminar con esta tarea, pero me siento identificado con el refrán “barriga llena corazón contento”. Barriga llena de haber probado tan exquisitos platos y corazón contento por poderles escribir estas palabras a ustedes. Hasta una próxima oportunidad de hambre.

Restaurantes visitados 

Zona Norte (Cale 147 # 7 – 90)

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